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Antonia es una mujer joven y hermosa, profesional,
con un matrimonio y familia perfectos. Un día
cualquiera, mientras esperaba a su marido, comenzó a
sentirse mal. Se sentía incómoda, no
sabía lo que le pasaba. Los escalofríos
y mareos la hicieron creer, en un primer momento, que
su malestar era causa de un virus. Hasta que “un
sentimiento de muerte” la empezó a invadir.
Se angustió aún más y cuando llegó su
cónyuge, le imploró que la llevara al
médico. Entró directo a Urgencia de la
Clínica Alemana, donde los exámenes no
se hicieron esperar. Sin embargo, ellos no arrojaron
ninguna enfermedad. Hasta que uno de los médicos
le asestó un claro diagnóstico: “usted
tiene depresión”.
Del episodio han transcurrido ya seis meses y recién
puede relatarlo sin mayor ansiedad. Pese a que en un
principio se negó a aceptarlo, asumió que
su enfermedad era una depresión y que había
que tratarla, para volver a ser la misma mujer feliz
que hasta entonces había sido. Fue al siquiatra
y salió con receta en mano, dispuesta a mejorarse.
Casos como el de Antonia se repiten a menudo. Ella
no tenía antecedentes “genéticos” que
la hicieran pensar en una depresión, pero tal
como lo dice la Dra. Alejandra Armijo, es un mito creer
que el mal sólo afecta a quienes están “genéticamente
predispuestos”
Hoy por hoy, la depresión es una de las enfermedades
más devastadoras que aquejan a la humanidad.
Según antecedentes de la Organización
Mundial de la Salud, 121 millones de personas la padece
en la actualidad. Y los pronósticos a futuro
no son nada de alentadores: se calcula que en el 2020 ésta
será la primera causa de baja laboral en las
naciones desarrolladas y la segunda enfermedad más
frecuente en el planeta, tras la cardiopatía.
Algunas estadísticas revelan que en Estados
Unidos, el 25% de la población sufre de depresión
en algún momento de su vida. De otro lado, un
reciente estudio realizado por el Instituto de Estudios
Políticos-Sociológicos Eurispes de Italia,
reveló que el 70% de las mujeres de ese país
europeo tiene depresión.
Chile no está libre del flagelo. Según
antecedentes de la Sociedad Chilena de Salud Mental,
cerca de un millón de personas sufre del mal,
una cifra equivalente a la población de las
regiones Primera y Segunda. Aún más,
estadísticas de la OMS señalan que Santiago
encabeza las capitales con más alto número
de depresión.
Según la Dra. Alejandra Armijo, estudios de
la Universidad de Chile revelan que una de cada tres
consultas en todo en el servicio público de
Santiago está dadas por trastornos ansiosos
depresivos.
La depresión es el trastorno mental más
frecuente de todos y no hace distingos de sexo, edad,
clase social o nacionalidad. Afecta a hombres y mujeres,
de todos los grupos etáreos y de cualquier condición
socioeconómica. No obstante, las mujeres son
el grupo más expuesto. Tal como lo afirma la
Dra. Armijo, “de acuerdo a una serie de estudios
que se han efectuado durante largo tiempo, se ha visto
que las mujeres en edad reproductiva, desde que comienza
el ciclo menstrual hasta que lo finaliza cerca del
climaterio, son más proclives a sufrirla”.
Agrega que en la adolescencia o en la edad adulta,
la frecuencia de la depresión es la misma para
hombres y mujeres.
Cabe tener en cuenta, sin embargo, que son precisamente
las mujeres las que buscan ayuda con mayor facilidad,
siendo por tanto posible que las depresiones masculinas
pasen más inadvertidas.
La depresión puede estar enmascarada por diversas
situaciones. Desmotivación, desesperanza, desgano,
sentimientos de inutilidad, falta de estima propia.
Pérdida de interés o de placer en actividades
que antes la persona disfrutaba, incluyendo el ámbito
sexual. Insomnio o exceso de sueño, pérdida
o exceso de apetito, disminución de la energía,
inquietud, angustia, irritabilidad, llanto fácil
o agresión. Ideas obsesivas, fobias, celos enfermizos.
También puede manifestarse a través de
síntomas físicos, como cefaleas, molestias
digestivas y dolores crónicos.
La depresión tiene
cura
La depresión no es un simple estado de ánimo
triste ni un estado del cual la persona pueda sobreponerse
sólo con voluntad. Sin un tratamiento los síntomas
pueden durar semanas, meses o años. Así como
una gripe requiere muchas veces de antibióticos,
la depresión es una enfermedad que necesita
tratamiento adecuado. Los medicamentos antidepresivos
no generan hábito ni crean dependencia, pero
su uso debe estar supervisado por el médico.
Afortunadamente los trastornos depresivos son de los
más tratables de la psiquiatría. Como
afirma el doctor y académico Luis Risco, subdirector
de la Clínica Psiquiátrica de la Universidad
de Chile, una persona que sufre de depresión
y que es adecuadamente tratada, debiera tener un buen
pronóstico.
Actualmente existen muchas alternativas terapéuticas,
sin embargo es casi impensable un tratamiento de la
depresión sin psicofármacos, entre los
cuales los antidepresivos son fundamentales.
En términos de eficacia, no todos los antidepresivos
son iguales. Hay quienes opinan que las drogas que
sólo funcionan sobre un neurotransmisor del
cerebro son menos efectivas que aquellas que actúan
sobre ambos.
Tal como señala el Dr. Risco, “la elección
del antidepresivo debe considerar el apego al tratamiento
como una aspecto crucial”.
Constancia: La clave
del exito
No obstante, tras el correcto diagnóstico de
una depresión no todo está resuelto.
Los especialistas sostienen que el pobre cumplimiento
de los pacientes constituye una gran preocupación.
Entre 30% y 68% de pacientes con depresión interrumpen
el tratamiento un mes después de iniciado. Este
cumplimiento deficiente tiene relación con varios
factores, entre los que figura la aversión a
la terapia, el estigma de usar antidepresivos [connotación
negativa de la enfermedad], además del lento
inicio de acción observado con los antidepresivos
convencionales y, por cierto, los efectos secundarios.
Sin embargo, los tiempos han cambiado y los tratamientos
farmacológicos más modernos hoy tienen
la ventaja de hacer sentir rápidamente su efecto.
A ello habría que añadir el hecho que
existe una nueva generación de antidepresivos
fáciles de ingerir y mucho más cómodos
para el usuario, lo que facilita el cumplimiento de
la terapia.
Dentro de estos aportes se encuentra el reciente desarrollo
y lanzamiento en el mercado nacional de Promyrtil Soltab,
del laboratorio holandés Organon. Se trata de
un antidepresivo de rápida disolución
en la boca, con agradable sabor y que se puede tomar
sin agua. Estudios de la Universidad de Chile confirmaron
que los pacientes a los cuales se les indica antidepresivos
de disolución oral cumplen el tratamiento más
correctamente, por lo que este nuevo fármaco
busca ser una herramienta eficaz para atacar el abandono
de la terapia.
Este nuevo avance cuenta, además, con el apoyo
de un sitio Web [www.depresion.cl] cuyo principal objetivo
apunta a satisfacer la gran necesidad de información
y educación sobre esta enfermedad, llamada “el
mal del tercer milenio”.
Diario El Gong.cl (www.diarioelgong.cl)
6/14/2003
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