Diario El Gong.cl
3/19/2003

Aproximadamente 350 millones de personas se sienten extremadamente tristes, tienen enormes sentimientos de rechazo y de insatisfacción personal. Aproximadamente 350 millones de personas están actualmente deprimidas.

Y de todas ellas, dos terceras partes son mujeres. ¿Por qué ellas la sufren de forma más contundente? Influyen los cambios hormonales. Los períodos pre y postmentruales, la menopausia, la maternidad... los especialistas consideran que el baile de hormonas propio de estos periodos puede afectar psicológicamente a las mujeres. Pero lo cierto es que nuestra sociedad no hace demasiados esfuerzos por erradicar los estímulos que hacen que las mujeres sean las principales víctimas de la depresión.

En el año 2020, la depresión afectará de forma masiva a la población mundial. Según informes recientes, será la primera causa de baja laboral. A pesar de que las mujeres mayores de 35 años son las principales víctimas, la depresión no es una enfermedad de género. Ni tampoco es cuestión de edad: el 15% de los afectados son niños de entre 3 y 14 años.

Los motivos
Según los expertos, el auge de las tendencias depresivas se fundamenta en los estilos de vida imperantes hoy en día. El triunfo del individualismo extremo y el desmesurado déficit de comunicación desembocan en una inevitable sensación de soledad y de tristeza. Sin embargo, la sociedad es para todos igual y no todos reaccionamos de la misma forma. ¿Por qué?
La respuesta a los condicionantes sociales y culturales es individual. Depende de la personalidad de cada uno. Ante los problemas, por ejemplo, unos responden con agresiva resolución, otros con un resignado abatimiento. Las circunstancias personales determinan el resultado final. Y como en cualquier ámbito en el que interviene la personalidad, hay un cierto condicionante genético y otro educativo.

Es cierto que hay individuos más predispuestos genéticamente a sufrir este tipo de alteraciones psicológicas. Pero también lo es que determinados procesos sociales intervienen de forma contundente.

Ciertos errores educativos pueden motivar comportamientos en los que destaca la falta de autoestima, la inseguridad y la ausencia de ímpetu y energía vital. Los educadores tienen que saber crear el entorno y los estímulos precisos para proteger a los niños de futuros achaques psicológicos.

El enfermo y la familia
La Organización Mundial de la Salud no ha obviado estos datos y se ha aplicado para desvelar las causas de esta imparable enfermedad y para determinar las consecuencias. Los efectos de la depresión son alarmantes: el enfermo sufre una terrible sensación de ansiedad y de desazón que le impide disfrutar de su existencia. En realidad, la vida de la persona que sufre una depresión se convierte en un camino plagado de referencias y deseos de muerte. La familia no queda al margen de estos trastornos psicológicos: no es en absoluto sencillo lidiar con una persona que está inmersa en un proceso depresivo. No es extraño que un enfermo arrastre a alguno de sus allegados hacia el pozo de la depresión.

Las terapias
El 80% de las depresiones se recuperan a corto plazo. El resto pueden llegar a convertirse en enfermedades crónicas que afectan el ciclo vital de aquellos que las padecen. Y ¿qué se puede hacer una vez que la depresión nos ha alcanzado? La OMS ha lanzado algunas recomendaciones básicas que coinciden con las directrices más frecuentes y lógicas.
El ejercicio físico y la comunicación interpersonal parecen el antídoto de la mayoría de las enfermedades de la época modernas.

El aprovechamiento de los momentos de ocio procura también un alivio ejemplar. No obstante, cuando la depresión ha hecho mella y se ha convertido en motivo de preocupación estos remedios se convierten únicamente en tratamientos secundarios. Antes hay que acudir a los médicos especialistas que recomendarán una terapia psicológica y farmacológica oportuna.


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